Hacía
mucho tiempo que no me sentía sola.
Es una
sensación extraña.
A pesar
de que, bueno, en realidad toda la vida he sido una persona bastante solitaria.
Me gustaba pasar las tardes a mi aire, dibujando, tocando, lo que sea. Incluso
mirando a la nada. Pero sola.
Y es
que en parte nunca me sentía sola. En
ese momento lo estaba, pero sentía la presencia de mi familia, la de mis amigos…
Sabía que si quería, ellos estarían conmigo. O yo con ellos.
Por eso
ahora me siento rara. Ahora no quisiera estar sola. Ni hoy, ni ayer, ni mañana. No quiero pasar más tardes sola en mi habitación. Ni salir más
noches sola, llegar a casa acompañada
y pasar la mañana siguiente sola otra
vez.
No.
Estoy harta.
Harta.
Harta,
harta, harta, harta.
No
quiero más soledad, ni tiempo para mí, ni espacio, ni nada.
No
quiero que me juzguen.
Porque
la gente dice que no te preocupes, que confíes en ellos, que se lo cuentes
todo, que ellos no te van a juzgar. Pero es mentira. Todo el mundo lo hace,
incluso sin querer.
Y
cuando te decides a confiar, a contárselo, no solo lo que pasa, si no lo que
sientes, ellos cogen confianza también. Y te juzgan. Te juzgan y te lo dicen. A
la cara. Te echan sus veredictos, te los escupen. Pero siguen diciendo que no
te juzgan.
Mentiras,
asquerosas mentiras.
Incluso
a ellos mismos que se creen jueces imparciales.
Mentiras.
Y yo
sigo estando sola, y sigo sin querer
estarlo. Ni sola ni juzgada. No sé si
he cometido algún crimen, no sé si arrepentirse es un pecado, arrepentirse de
haber deseado esta soledad, de haberla provocado, de haberla disfrutado, y
ahora repudiarla.
No sé
si me merezco algún tipo de castigo, pero desde luego lo que no merezco son jueces
que dictaminen nada de mi vida si ni yo misma estoy en capacidad de juzgarla.
Y
mientras aquí sigo, sola y juzgada.
Quizá… Sólo
quizá…, haya esperanza. Es inquietante, una sensación dentro de mí, familiar.
Hay una persona, hay algo, hay..., un nudo en el estómago, un segundo antes de
hablar de más, una caricia inapropiada.
Hay un
pensamiento indebido, que intento olvidar inmediatamente, fingir que nunca ha
existido. Pero existió, y existe, igual que esa mirada de reojo, esa sonrisa
estúpida, ese temblor de voz.
Hay síntomas.
Síntomas claros de que algo malo hay en mí. O algo bueno.
Y una
pregunta que me permito hacerme, solo en momentos de duda, de soledad, de no
ser juzgada….
¿Qué
hay dentro de ti?
No hay comentarios:
Publicar un comentario