domingo, 29 de marzo de 2015

Desaparecida

Dicen que es imposible perderse a uno mismo. Puedes perder tu vida o a tu gente o tus cosas, pero que tú sigues siendo tú.
Vale, bien, es mentira. Es una gran mentira, como otras muchas cosas. Pero esta es una mentira muy grave.
Claro que es posible perderse a uno mismo. ¡Y tanto! A veces es necesario un factor externo para lograrlo, véase alcohol, tabaco, sexo inoportuno, etc. La lista es larga. Una vez encontrada cual es la droga que más te destruye, ¡hasta morir!
Y así es como empieza el cambio, olvidándote de ti. Olvidas tus problemas en alcohol o cannabis o sexo con desconocidos o drogas más duras, según lo que te convenga.
Primero se van los problemas tontos, los del día a día. Según va avanzando el tiemp, olvidas también tus verdaderos incovenientes vitales. De verdad que los olvidas. Te dejan de importar una mierda, se convierten en espuma y desparecen.
Entonces, te quedas vacío. Sin preocupaciones, sin intereses, sin nada. Eres un cofre vacío, arrancados todos tus tesoros con garras de hierro, por dentro estás lleno de arañazos y machacado y vacío.
Aquí es el mejor momento para decir basta, para volver, para recuperar tus intenciones. Pero es tan difícil enfrentarse a esto y tan fácil beber otra cerveza. Así que, en vez de retornar en ti, te transformas. Creas un nuevo yo, utilizas esos placeres que ahora son toda tu vida y te construyes de nuevo en base a eso. Nueva personalidad, visión vital, todo diferente. Ya no te sientes destruído, solamente... No te sientes.
Pero, ¿sabes qué es lo peor? Que no sólo te lo crees tú, no, la gente también cree que eres así. Y eso es terrible. Porque ese nuevo yo empieza a hablar con tus amigos, y con tus padres y a tener trabajo (y qué trabajo). Ese yo te roba tu vida, tus amigos, tu familia y a ti mismo.
Usurpada toda tu vida por una versión de ti que tú mismo creaste.
Agradezco al cielo o al infierno o al limbo, el haberme dado cuenta de eso. De mi otro yo, que lleva tanto tiempo viviendo en mi, que llegué a creer que era yo misma. Pero no.
Ésta no soy yo.
Ésta no es mi vida.
Y quiero recuperarme y recuperarla y volver a vivir. Aunque sea difícil, aunque duela. Hay que luchar, siempre hay que luchar, y cuanto peor estés, más duro has de pelear.
Peleando conmigo misma, con mis yos y mis nunca. No podría decir si estoy ganando o perdiendo, pero sé que no moriré en el intento, porque no me voy a dejar morir, ni ganar, ni perder.
Y la pena es toda esa vida que el otro yo tuvo. Los nuevos amigos, y los viejos que se quedaron con ella. Todas esas experiencias que no son tuyas pero las recuerdas, como borrosas, como un personaje secundario en la historia.
Un pensamiento horrible. La prefieren a ella.
Porque es más divertida, más fácil, más ligera, más interesante, más misteriosa, más ingeniosa. Ella es más.
Temo que por ser yo misma pierda no solo su vida, si no también la mía.
Y quedarme verdaderamente sola, sin mi vida, sin mis cosas, sin mi y sin mi otro yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario