Anoche soñé contigo.
Soñé que iba por las calles de una ciudad muy vieja, y que era de noche. Yo no era yo, tenía la cara de otra mujer, pero seguía siendo yo. Caminaba por unas calles estrechas, la luz era naranja, cuando oí un murmullo lejano de música. Al seguirlo, me encontré en una plaza grande con un escenario chiquitito, con focos morados y algunas personas estaban alrededor, curiosas. Tú estabas allí, a la izquierda, con el Flequi, y con otros chicos que yo no conocía.
Yo no supe qué hacer. Estabas allí delante, no te esperaba y... AIF me vio, pero yo giré la cara, no quería hablar con vosotros. De repente, me di cuenta de que tenía un nudo en la garganta y me dolían los ojos. Pensé en acercarme, en gritar, en tirarme al suelo y llorar como una estúpida. Imaginé qué ocurriría si me acercase, si me hablarías, si te acordarías de mí. Y me odié.
Las piernas me temblaban como flanes pero yo tenía que cruzar aquella plaza, no recuerdo porqué, pero era muy importante que llegara al otro lado. Así que, empecé a andar, no tenía muy claro si quería que me mirases o no, y noté que dirigías la mirada hacia mí, di un giro brusco, apreté el paso. Bajé la cabeza, las lágrimas ya casi no se sostenían en mis párpados, cuando escuché que alguien se acercaba corriendo:
- ¡Hey! Hola Verita.- Te paraste delante de mí con sorpresa, pero apartaste los ojos de mi cara, no te alegrabas de verme. Me quedé tiesa como una estaca, se me secó la boca y no sabía qué decir.
- Hola. Qué sorpresa, no te había visto. ¿Qué tal to...?- Aquí me interrumpiste, mirabas a alguna parte de mi derecha, donde había un almacén de colores.
- Perdona, es que nos toca subir a nosotros, tengo que ir a por la guitarra. Ya nos veremos. Chao.
No me dio tiempo a decir adiós, ya te alejabas corriendo, y yo, también. No llegué a cruzar la plaza, ya no me parecía tan importante. Simplemente, me metí en un agujero que unas gradas habían hecho para mí, y lloré desconsoladamente.
No sé muy bien porqué lloraba, pero cuando me desperté y fui consciente de mi sueño, me entristecí, y pensé que seguramente mi sueño no estaría tan lejos de la realidad.
Sin embargo, me consolé diciéndome que, por lo menos, en algún otro universo paralelo, al despertarme no encontraría la almohada húmeda, sino un mechón de pelo rojizo.
Soñé que iba por las calles de una ciudad muy vieja, y que era de noche. Yo no era yo, tenía la cara de otra mujer, pero seguía siendo yo. Caminaba por unas calles estrechas, la luz era naranja, cuando oí un murmullo lejano de música. Al seguirlo, me encontré en una plaza grande con un escenario chiquitito, con focos morados y algunas personas estaban alrededor, curiosas. Tú estabas allí, a la izquierda, con el Flequi, y con otros chicos que yo no conocía.
Yo no supe qué hacer. Estabas allí delante, no te esperaba y... AIF me vio, pero yo giré la cara, no quería hablar con vosotros. De repente, me di cuenta de que tenía un nudo en la garganta y me dolían los ojos. Pensé en acercarme, en gritar, en tirarme al suelo y llorar como una estúpida. Imaginé qué ocurriría si me acercase, si me hablarías, si te acordarías de mí. Y me odié.
Las piernas me temblaban como flanes pero yo tenía que cruzar aquella plaza, no recuerdo porqué, pero era muy importante que llegara al otro lado. Así que, empecé a andar, no tenía muy claro si quería que me mirases o no, y noté que dirigías la mirada hacia mí, di un giro brusco, apreté el paso. Bajé la cabeza, las lágrimas ya casi no se sostenían en mis párpados, cuando escuché que alguien se acercaba corriendo:
- ¡Hey! Hola Verita.- Te paraste delante de mí con sorpresa, pero apartaste los ojos de mi cara, no te alegrabas de verme. Me quedé tiesa como una estaca, se me secó la boca y no sabía qué decir.
- Hola. Qué sorpresa, no te había visto. ¿Qué tal to...?- Aquí me interrumpiste, mirabas a alguna parte de mi derecha, donde había un almacén de colores.
- Perdona, es que nos toca subir a nosotros, tengo que ir a por la guitarra. Ya nos veremos. Chao.
No me dio tiempo a decir adiós, ya te alejabas corriendo, y yo, también. No llegué a cruzar la plaza, ya no me parecía tan importante. Simplemente, me metí en un agujero que unas gradas habían hecho para mí, y lloré desconsoladamente.
No sé muy bien porqué lloraba, pero cuando me desperté y fui consciente de mi sueño, me entristecí, y pensé que seguramente mi sueño no estaría tan lejos de la realidad.
Sin embargo, me consolé diciéndome que, por lo menos, en algún otro universo paralelo, al despertarme no encontraría la almohada húmeda, sino un mechón de pelo rojizo.