martes, 31 de marzo de 2015

Otra vez he soñado contigo

Anoche soñé contigo.
Soñé que iba por las calles de una ciudad muy vieja, y que era de noche. Yo no era yo, tenía la cara de otra mujer, pero seguía siendo yo. Caminaba por unas calles estrechas, la luz era naranja, cuando oí un murmullo lejano de música. Al seguirlo, me encontré en una plaza grande con un escenario chiquitito, con focos morados y algunas personas estaban alrededor, curiosas. Tú estabas allí, a la izquierda, con el Flequi, y con otros chicos que yo no conocía.
Yo no supe qué hacer. Estabas allí delante, no te esperaba y... AIF me vio, pero yo giré la cara, no quería hablar con vosotros. De repente, me di cuenta de que tenía un nudo en la garganta y me dolían los ojos. Pensé en acercarme, en gritar, en tirarme al suelo y llorar como una estúpida. Imaginé qué ocurriría si me acercase, si me hablarías, si te acordarías de mí. Y me odié.
Las piernas me temblaban como flanes pero yo tenía que cruzar aquella plaza, no recuerdo porqué, pero era muy importante que llegara al otro lado. Así que, empecé a andar, no tenía muy claro si quería que me mirases o no, y noté que dirigías la mirada hacia mí, di un giro brusco, apreté el paso. Bajé la cabeza, las lágrimas ya casi no se sostenían en mis párpados, cuando escuché que alguien se acercaba corriendo:
- ¡Hey! Hola Verita.- Te paraste delante de mí con sorpresa, pero apartaste los ojos de mi cara, no te alegrabas de verme. Me quedé tiesa como una estaca, se me secó la boca y no sabía qué decir.
- Hola. Qué sorpresa, no te había visto. ¿Qué tal to...?- Aquí me interrumpiste, mirabas a alguna parte de mi derecha, donde había un almacén de colores.
- Perdona, es que nos toca subir a nosotros, tengo que ir a por la guitarra. Ya nos veremos. Chao.
No me dio tiempo a decir adiós, ya te alejabas corriendo, y yo, también. No llegué a cruzar la plaza, ya no me parecía tan importante. Simplemente, me metí en un agujero que unas gradas habían hecho para mí, y lloré desconsoladamente.
No sé muy bien porqué lloraba, pero cuando me desperté y fui consciente de mi sueño, me entristecí, y pensé que seguramente mi sueño no estaría tan lejos de la realidad.

Sin embargo, me consolé diciéndome que, por lo menos, en algún otro universo paralelo, al despertarme no encontraría la almohada húmeda, sino un mechón de pelo rojizo.

domingo, 29 de marzo de 2015

Desaparecida

Dicen que es imposible perderse a uno mismo. Puedes perder tu vida o a tu gente o tus cosas, pero que tú sigues siendo tú.
Vale, bien, es mentira. Es una gran mentira, como otras muchas cosas. Pero esta es una mentira muy grave.
Claro que es posible perderse a uno mismo. ¡Y tanto! A veces es necesario un factor externo para lograrlo, véase alcohol, tabaco, sexo inoportuno, etc. La lista es larga. Una vez encontrada cual es la droga que más te destruye, ¡hasta morir!
Y así es como empieza el cambio, olvidándote de ti. Olvidas tus problemas en alcohol o cannabis o sexo con desconocidos o drogas más duras, según lo que te convenga.
Primero se van los problemas tontos, los del día a día. Según va avanzando el tiemp, olvidas también tus verdaderos incovenientes vitales. De verdad que los olvidas. Te dejan de importar una mierda, se convierten en espuma y desparecen.
Entonces, te quedas vacío. Sin preocupaciones, sin intereses, sin nada. Eres un cofre vacío, arrancados todos tus tesoros con garras de hierro, por dentro estás lleno de arañazos y machacado y vacío.
Aquí es el mejor momento para decir basta, para volver, para recuperar tus intenciones. Pero es tan difícil enfrentarse a esto y tan fácil beber otra cerveza. Así que, en vez de retornar en ti, te transformas. Creas un nuevo yo, utilizas esos placeres que ahora son toda tu vida y te construyes de nuevo en base a eso. Nueva personalidad, visión vital, todo diferente. Ya no te sientes destruído, solamente... No te sientes.
Pero, ¿sabes qué es lo peor? Que no sólo te lo crees tú, no, la gente también cree que eres así. Y eso es terrible. Porque ese nuevo yo empieza a hablar con tus amigos, y con tus padres y a tener trabajo (y qué trabajo). Ese yo te roba tu vida, tus amigos, tu familia y a ti mismo.
Usurpada toda tu vida por una versión de ti que tú mismo creaste.
Agradezco al cielo o al infierno o al limbo, el haberme dado cuenta de eso. De mi otro yo, que lleva tanto tiempo viviendo en mi, que llegué a creer que era yo misma. Pero no.
Ésta no soy yo.
Ésta no es mi vida.
Y quiero recuperarme y recuperarla y volver a vivir. Aunque sea difícil, aunque duela. Hay que luchar, siempre hay que luchar, y cuanto peor estés, más duro has de pelear.
Peleando conmigo misma, con mis yos y mis nunca. No podría decir si estoy ganando o perdiendo, pero sé que no moriré en el intento, porque no me voy a dejar morir, ni ganar, ni perder.
Y la pena es toda esa vida que el otro yo tuvo. Los nuevos amigos, y los viejos que se quedaron con ella. Todas esas experiencias que no son tuyas pero las recuerdas, como borrosas, como un personaje secundario en la historia.
Un pensamiento horrible. La prefieren a ella.
Porque es más divertida, más fácil, más ligera, más interesante, más misteriosa, más ingeniosa. Ella es más.
Temo que por ser yo misma pierda no solo su vida, si no también la mía.
Y quedarme verdaderamente sola, sin mi vida, sin mis cosas, sin mi y sin mi otro yo.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Veredicto de la Excelsa Señora Juez del Juzgado de Instancia nº 5: SOLA

Hacía mucho tiempo que no me sentía sola.
Es una sensación extraña.
A pesar de que, bueno, en realidad toda la vida he sido una persona bastante solitaria. Me gustaba pasar las tardes a mi aire, dibujando, tocando, lo que sea. Incluso mirando a la nada. Pero sola.
Y es que en parte nunca me sentía sola. En ese momento lo estaba, pero sentía la presencia de mi familia, la de mis amigos… Sabía que si quería, ellos estarían conmigo. O yo con ellos.
Por eso ahora me siento rara. Ahora no quisiera estar sola. Ni hoy, ni ayer, ni mañana. No quiero pasar más tardes sola en mi habitación. Ni salir más noches sola, llegar a casa acompañada y pasar la mañana siguiente sola otra vez.
No. Estoy harta.
Harta.
Harta, harta, harta, harta.
No quiero más soledad, ni tiempo para mí, ni espacio, ni nada.
No quiero que me juzguen.
Porque la gente dice que no te preocupes, que confíes en ellos, que se lo cuentes todo, que ellos no te van a juzgar. Pero es mentira. Todo el mundo lo hace, incluso sin querer.
Y cuando te decides a confiar, a contárselo, no solo lo que pasa, si no lo que sientes, ellos cogen confianza también. Y te juzgan. Te juzgan y te lo dicen. A la cara. Te echan sus veredictos, te los escupen. Pero siguen diciendo que no te juzgan.
Mentiras, asquerosas mentiras.
Incluso a ellos mismos que se creen jueces imparciales.
Mentiras.
Y yo sigo estando sola, y sigo sin querer estarlo. Ni sola ni juzgada. No sé si he cometido algún crimen, no sé si arrepentirse es un pecado, arrepentirse de haber deseado esta soledad, de haberla provocado, de haberla disfrutado, y ahora repudiarla.
No sé si me merezco algún tipo de castigo, pero desde luego lo que no merezco son jueces que dictaminen nada de mi vida si ni yo misma estoy en capacidad de juzgarla.
Y mientras aquí sigo, sola y juzgada.


Quizá… Sólo quizá…, haya esperanza. Es inquietante, una sensación dentro de mí, familiar. Hay una persona, hay algo, hay..., un nudo en el estómago, un segundo antes de hablar de más, una caricia inapropiada.
Hay un pensamiento indebido, que intento olvidar inmediatamente, fingir que nunca ha existido. Pero existió, y existe, igual que esa mirada de reojo, esa sonrisa estúpida, ese temblor de voz.
Hay síntomas. Síntomas claros de que algo malo hay en mí. O algo bueno.

Y una pregunta que me permito hacerme, solo en momentos de duda, de soledad, de no ser juzgada….


¿Qué hay dentro de ti?

lunes, 2 de marzo de 2015

Los orgasmos no son bonitos (ni lo tienen que ser)

Estos últimos días han sido para mí una manera de darme cuenta de todo lo MAL que ha estado el sexo que he tenido desde que estoy soltera. No me había parado a pensar en que, aparte de violencia, es más cosas.
Hasta ahora, todos los hombres con los que me he acostado, en menor o mayor medida, ofrecían un sexo agresivo, egoísta. Intenso, sí, satisfactorio, la mayoría de las veces, y aún así, un placer absolutamente efímero.
Por eso, al conocerte, redescubrí una parte de las relaciones que había olvidado completamente. Ni siquiera la echaba de menos, no la recordaba, pero es infinitamente mejor. El sexo con cariño, con afecto, con cuidado, si bien no le quita intensidad ni placer, te ofrece otras sensaciones mucho más duraderas.
Sin embargo y precisamente por la forma violenta de conocernos, nuestra relación que se limita a las fronteras de tu cama, y por primera vez en casi un año, siento que se me hace pequeño. Que quiero más, y quiero más de ti. No podría llamarlo sentimiento, ni nada parecido, sino más bien una especie de corazonada, de dejarme llevar por algo que me hace sentir bien.
Mi padre tenía razón (como casi siempre). Hay que procurar que te pasen cosas buenas.
Y yo siempre me empeño en que no, en meterme en líos, en situaciones delicadas.
Por muy buen sexo que ofrezca una relación efímera, con fetiches y sadomaso, psicológicamente es agotador. Me desgasta.
Así que elijo dejar de sentirme mal. Elijo hacer cosas buenas para mí misma, y si no es bueno, no lo quiero.
El problema es saber discernir lo bueno de lo malo.

PROS
1. Eres guapo. Muy guapo. Parece una tontería, algo superficial y todo lo que tú quieras, pero realmente la percepción de la belleza es totalmente subjetiva y necesaria. Y a mí me pareces uno de los hombres más guapos que he tenido el placer de conocer. Punto para ti.
2. Me tratas bien. DIOSES A MÍ. Pensaba que era superior a esto, pero no. Me miras con esos ojitos de cachorrillo, me calientas la ropa, me preparas el desayuno... Estas cosas cuentan, y mucho. Suponen la diferencia entre que me acueste contigo y me vaya, a que pase toda la noche en tu cama.
3. Eres sexualmente generoso. Una verdadera rareza. Dentro de un mundo de hombres-zorro que solo quieren correrse lo más pornográficamente posible, te encuentro dispuesto a hacerme llegar al orgasmo todas las veces que yo quiera. Made in feito na casa!
4. Las cosas claras. No hay nada que más odie en este mundo de flirteos que enrollarme con un hombre y resultar que tiene la mentalidad de un adolescente salido. Gracias al mundo por devolverme la esperanza al toparme con alguien con pene que tiene claro hasta donde quiere llegar, cuando, donde, con quién y por qué.
5. Intereses comunes. Y es que, aparte de follar, hay ratos en lo que se habla. Y ya que mi intención es averiguar más de ti, está muy bien tener puntos en común, porque esas cosas unen. Cocina y fotografía, dos placeres perfectamente asequibles para ambos. Todo un puntazo.
6. Trabajo. Tienes trabajo. Joder, qué puta maravilla, se acabaron los planes cutres por que él no tiene dinero. Un trabajo estable y una formación superior, que los ingenieros me ponen.Y encima tienes una cama doble y tu piso está al lado de la estación. Es perfecto, coño.
7. Presencia de carácter. Llegados a este punto de análisis es importante remarcar que me caes bien. Simpático, atento, culto, divertido, moderno, interesante, alternativo, diferente, cool. Molas un montón, tío.
8. Idelogías similares. Vale, no es lo primero en lo que pienso cuando me abro de piernas, pero a partir de la segunda noche, ya empiezo a mosquearme con estas cuestiones. Así que, que seas un rojo de mierda anti-podemos, me resulta de lo más sexy.
9. Eres alto. Otra cuestión superficial que, quieras que no, acaba por influír. Así que sí, esos centímetros se notan (y los de otro sitio, también).
10. NO ERES ARTISTA. Si bien, borracha me siguen atrayendo todo tipo de artistillas, desde un batería a un escultor, sobria no quiero ver un cultureta ni a 10 km a la redonda. Es que no, para artihta ya estoy yo, y pah qué quiero más.

CONTRAS
1. Estás lejos. ¿Por qué todos los hombres interesantes viven en Santiago? Pontevedra no está tan mal, se le coge cariño :(
2. Regular sex. Vale, tienes buena materia prima, pero a la hora de la verdad... ¿Eso es todo? El hand made está muy bien, pero donde haya una buena verga, que se quite todo lo demás. La parte positiva de esto, es que todo se aprende en esta vida.
3. Cambios de carácter en la cama. Por el amor de Dios, ¿tú no eras un tío superguay, con un pendiente en la oreja izquierda y acento sexy? Toda tu masculinidad se va en cuanto abro la boca. Es sacar un poco la lengua y como un hombre-lobo al ver la luna llena, tal cual, te conviertes en un cachorrillo. Y no hablemos de tu graciosa pero adorable forma de ponerte vizco cuando ya estás muy cerca...
4. Mala forma física. A ver, que no tienes cuarenta años, estás en la cúspide de tu potencial sexual, pero no das. No das. Menos porros y patatas fritas, y más zumito de naranja.
5. Mentalidad viejuna. A pesar de que apenas me llevas unos años, tu actitud vital es octogenaria. Y eso no está bien, no es atrayente. Diré más, resulta bastante desagradable.
6. Psicópata. Con todos tus traumas infantiles y juveniles, lo raro sería que no estuvieras un poco tocado. Pero el hecho de no haber sido tratado profesionalmente, te ha marcado en lo más dentro de ti, y a veces esos ramalzados de obsesión dan un poco de miedo. Bastante mal rollete, la verdad.
7. Relaciones no, gracias. Comprendo que después de ocho relaciones fallidas, uno acabe bastante harto de tener pareja. Pero joder, me merezco una oportundidad, ¿no?
8. Fumador. Mierda. Sí, es sensual. Me gusta, no. Porque resulta muy duro dejar de fumar si te veo sacar un cigarro en la cama. Y si tiene cositas verdes, ni te cuento. Qué duro es ser responsable.
9. Pasado perturbador. Tu vida es chunga. o por lo menos lo ha sido, y eso no me da mucha confianza para saber como será en un futuro a corto o medio plazo.
10. Feromonas. Dicen que el ser humano está por encima de las cuestiones físicas de atracción por los olores de las feromonas, pero a mi plin, sé que sí nos afectan. Y a mí me cambian de nariz, o yo aquí no huelo nada.