Por las disculpas que te debo, y las despedidas, y los besos.
Porque te debo besos, muchos besos. Y las caricias y abrazos que te robé pensando que eran míos. Y no.
Te debo tantas cosas, te robé y te quité. Me las quedé todas (seguía pensando que eran mías).
Porque con todo eso de lo que es tuyo es mío, me hice un lío y te daba cosas que ya eran tuyas pensando que eran mías. Y tampoco.
Me ha hecho falta mucho tiempo para darme cuenta de qué era mío y qué era tuyo. No estoy hablando de tus películas y mis libros, de tus huesos y de mi carne, de mis besos y de los tuyos.
Hablo de las palabras que se quedaron en el aire, la falta de sexo y el exceso de silencio. La complicidad y los celos. Las manías. Los cuernos.
Mi arte y tu arte.
Y de todo eso, que era mío, y era tuyo, comprendí que era nuestro.
Y por eso ya no es de nadie, ya no es nada, ni tú eres tú, ni yo soy yo, y de nosotros, solo queda el aire.
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