Me siento inspirada. A veces, cuando pienso en ti, me siento así.
A veces, muchas veces, pienso en ti.
Pienso en tus ojos. Tus ojos son como dos llamas negras, hipnotizantes, misteriosas, y me dan un poco de miedo.
Todo en ti me da un poco de miedo. Como si esa seguridad que me reconforta en tus palabras se pudiera romper en cualquier momento y fueras a estallar en llamas negras altísimas que me apartaran de tu lado, y me fuera a quedar sola.
Porque en realidad, no me siento sola. Sé que lo estoy, pero no me siento así. Tu presencia en la distancia hace que la compañía que me aportas no se disipe, sino que queda flotando, en el aire, en mis pensamientos.
Nunca estás a mi lado, y es por eso que nunca te siento lejos de mí.
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