No es, de todos modos, lícito ni eróticamente correcto pensar que lo hiciste a propósito, hacerme pensar que te vestiste y desvestiste, que puse mis manos en tu cuerpo y la calidez de tu piel se reflejaba en la ventana entornada.Y no miento si digo que prefería que te hubieras callado, esa boca pintada de rojo y esos ojos negros. Las imágenes no son más que luces, pero no lo es el contacto con la seda, el raso, el terciopelo; los vestidos cortos y los jerséis largos. Tus piernas apenas reflejan un haz oscuro y peligroso, avisando sigilosamente entre las venas azuladas que recorren tu carne morena.
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