Conciencia, auto-control, moralidad, discernimiento. Todo ello junto, con todo el peso que cargan cada una de esas palabras y ninguna ha tenido el suficiente como domarme. No, me liberé de la presión del arrepentimiento, no me interesa la culpa y los remordimientos me abandonaron deliberadamente.
Soy plenamente consciente de mis actos, de mis palabras y de mis pensamientos. No voy a decir que fue un error, que no lo volveré a repetir y, de hacerlo, sería hacer de esas promesas que nunca cumplo.
He de admitir que mi conducta no es ni fue la más correcta, la más apropiada ni, definitivamente, la que hubiera tomado lo que se suele llamar una buena persona, pero a estas alturas de mi vida, o debería decir "bajuras", lo que es correcto me da igual.
No creas por ello que busco tu dolor, tu ira, tu indiferencia o tu amor. De verdad, tan duras palabras que salieron por mi boca no tenían más voluntad que la de constatar un hecho y quizá dar pie a un futuro, de lo más borrascoso, si se me permite.
Simplemente quiero decirte, bienvenido al juego, amigo.
Parafraseando aquella película, "Hola chicos, quiero jugar a un juego"
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