Un dormitorio a oscuras, una cama de matrimonio y desparramada en ella, una chica. Una rendija de luz entra por la ventana del techo de la buhardilla e ilumina el hombro derecho, duerme de cara a la venta. De repente, en la mesilla del lado contrario, se ilumina la pantalla de un móvil y comienza a vibrar:
- ¿Sí?- Con voz de sueño, vuelve a apoyar la cabeza sobre la almohada, con los ojos cerrados.
- Buenas noches.- Voz susurrante, masculina
- Pero ¿que...?- Sorprendida, abre los ojos, pero no ve nada, hasta que los ojos se le acostumbran a la penumbra- Querido, ¿realmente tienes la imperiosa necesidad de llamarme ahora?- Está interesanda.
- Sí.- Se alza la voz.
- Vale... ¿Qué pasa?- Muestra cierta preocupación.
- Nada, que tengo llamadas gratis y a ti nunca te faltan ganas de hablar.- Al otro lado sonríe, cambia de postura y cambia el teléfono de mano.
- Pssss, pues nada, tú a tu rollo– Vuelve a estar molesta-. Y ¿de qué quieres hablar?
- No sé, de lo que se te ocurra...- Mordisquea un trozo de piel del dedo pulgar izquierdo.
- Ahm...- La somnolencia le hace volver a cerrar los ojos y ponerse de nuevo cara la pared izquierda.
- ...
- Emm, ¿dónde estás?
- En tu portal.- Sonríe.
- ¡Hablo en serio!- Alza un poco la voz, pero esboza una amplia sonrisa.
- ¿Y a ti que te importa?
- Pues me importa- Se sonroja levemente en la oscuridad-. Me ayuda.
- ¿A qué?- Se inclina en la mesa, pensando en provocar una conversación subida de tono.
- A imaginarlo.
- ...- Sigue pensando.
- A ver, cuando hablo por teléfono, la conversación es... Le falta algo. Le faltan los gestos, toda la comunicación que no es verbal y un poco de esa también. Por eso, para entenderte mejor, te imagino.- Se da la vuelta rápido, con vergüenza.
- Ah... Asique me imaginas...- Voz provocativa y burlona.
- ¡Eh! Sin pensar mal.- Aunque ella tampoco descarta una conversación picante.
- ¿Cómo me imaginas?
- No.- Se sienta con las piernas cruzadas y se mira las uñas de la mano izquierda.
- Cuéntamelo.
- He dicho que no.
- ...
- Bueno, pero no te rias de mi ¿ok?- Cambia el móvil de mano y se tumba mirando al armario.
- Ya... Ja, ja.- Risa suave y maligna.
- A ver... Es un poco ridículo, sé que no es real pero, ya sabes, es así en mi mente, no como si fuera lo perfecto, solo como... Yo que sé, como mi cabeza se lo imagina.
-Ya.- Desconfiado.
- Veamos... No estás en tu habitación, no tienes pinta de pasar mucho tiempo en ella, estás como en una especie de salita... (Pensativa) Tienes la respiración pesada asíque no estás de pie ni sentado, estás tumbado (él sonríe)... Más bien te has hundido en las profundidades de un sillón con un estampado hortera ja, ja, ja. (Cuelga la cabeza por el lado derecho de la cama) No, venga... (Silencio) Entra la luz por la derecha, es dorada, no, casi rojiza, la que da el sol cuando anochece justo antes de desaparecer. Ilumina la habitación muy fuerte, pero el cielo ya está oscuro y las cosas no se ven bien. (Vuelve a apoyarse en la almohada, cambia el teléfono de posición) No hay televisión, pero hay una cadena de música y cd’s descolocados, ¿como no? (Suena un teléfono lejano al otro lado de la línea) ¡Y ahora suena un telefóno! Pero no es el tuyo, suena lejos y no te mueves para cojerlo, por lo que será del vecino, que lo deja sonar. (Acelera) Eso quiere decir que está sacando al perro con su mujer, aunque el perro esté parapléjico y lo hubieran comprado para aguantar 15 años más juntos, pero el pobre Pompón suficiente tiene con la epilepsia como para ayudar a sus dueños a convivir... (Se entristece, él se da cuenta) En fin, nos habíamos quedado en la luz, que te da de lado. (Se gira del otro lado, esta vez con la cabeza girada en la colcha) Por cierto, no estás vestido del todo, llevas estos míticos chándales por la rodilla para estar en casa y te muerdes las uñas de la otra mano, (deja de estar pensativa) mientras arqueas una ceja por que sabes que eso es cierto.
- Ahí te se te ha ido la olla.- Con una amplia sonrisa y una ceja levantada.
- Un poco, pero a eso estábamos ¿no?- Ahora tiene la cabeza a los pies de la cama y toca el techo con la punta de los pies.
- Sí, no ha estado mal, aunque esté en la cocina con la luz de los fluorescentes.
Yo lo he leido en primicia y me ha encantado. Muy visual, fantástico.
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