Aquí me tienes una vez más, escribiendo palabras que igual debería callarme, no darle importancia o darlo por sentado; puede ser que, por otra parte, debiera decírtelo a la cara, ver como se agrandan tus ojos de gato y ponerme colorada. Las redes sociales no es lo más intimo que digamos, ni siquiera un blog, pero ¿quién lo va a leer? ¿Va a venir algún intruso a reprocharme algo? ¿Realmente le importa a alguien lo que yo pueda pensar, decir, querer? La respuesta es clara y simple; no.
En esta ocasión no voy a reprocharte nada, ni escribirte una canción ni a pedirte confianza. De esta vengo con la más que firme intención de no escribirte nada. Me explico, haré como si tú no fueras a leerlo, que yo no te fuera a recordar que leas mis despistes, me convenceré a mí misma de que puedo ser completamente sincera, sin tener en cuenta en qué vas a pensar.
No deduzcas por esto que he mentido, que te he engañado o manipulado la verdad, ni mucho menos un secreto a voces. Puedo asegurar que he sido sincera en todo lo que concierne a mis sentimientos, bien es cierto que no siempre te he dicho todo lo que he sentido, pero de esto ya te he hablado.
Después de todos estos preámbulos, te preguntarás a santo de qué viene tanta advertencia. Mucho ruído y pocas veces, mi amor. Simplemente voy a hacer una, espero que bonita, redacción sobre lo que te pregunté el otro día. Claro, tantas cosas hemos dicho que ni lo recordarás, pero me refiero a cuando te pregunté qué es lo que menos te gusta de mí. Bueno, exactamente voy a relatar como y qué he vivido contigo...
Parecerá estúpido, a mí me lo parece, pero recuerdo lo que pensé cuando te conocí, hace ya casi un año. Después de las indicaciones dadas por mi buen amigo, tenía expectativas de un gran músico y de una persona, como poco, rara. He de decir que hoy en día lo sigo pensando lo mismo, aunque ahora de forma lógica y fácilmente argumentada. Las primeras conclusiones que saqué de tu persona fueron que eras simpático, distraído y afable, aunque supongo que el msn no da para conocer muy a fondo a nadie. De todas formas, me caíste lo suficientemente bien como para decidirme por ir.
Cuando nos vimos por vez primera estaba nerviosa. Era una situación completamente nueva y diferente para mí, me sentía torpe y que no estaba preparada y tenía mucho miedo de defraudarte, después de haberte jurado mi incondicional. A pesar de todo, de que yo no hablé mucho y que hice el ridículo numerosas veces, salí encantada y dispuesta a volver. Entonces te ví como una persona alegre, entregada a lo que le gustabay que quería cumplir con su sueño. Se te veía feliz cariño.
Después de un par de sesiones más, me fui. Un mes desaparecida, que me cambió bastante, y cuando volví, me di cuenta de que os había echado de menos, quería volver y lo hice, claro. Mi amigo bien sabía que el culo se lo miraba a otro y no eras tú, a pesar de mis compromisos. Te notaba algo inseguro, tenías miedo de no conseguir lo que querías y me hacía sentir culpable. No cambió mi forma de verte hasta unos meses después. Cogí más confianza, me oísteis hablar más amenudo y me empezasteis a tratar más confidencialmente, lo que ayudó a que yo me sientiera más proclive a abrirme. Aún así, te seguía viendo como alguien ajeno a mí, un extraño con el que debía mantener una educadísima relación de trabajo.
Realmente me di cuenta de tu existencia como sexo masculino el día en que mi amigo y yo nos tuvimos que ir y tú te sorprendiste por lo pronto que era y me pasaste una mano por la espalda, lamentando nuestra partida. Sé que lo recuerdas porque no es el único punto en el que te hablo de ese momento. Fue entonces cuando realmente empecé a plantearme cosas. Pensaba en tí, me preguntaba como serías fuera, qué te gustaría, o más bien si me gustarías. A veces me sentía algo culpable, pero comenzamos a hablar. Hablábamos mucho mi vida. Y cada cosa que averiguaba de tí me gustaba tanto que me olvidaba de mis remordimientos. Abriste tu alma, no del todo, pero sí como para entrever fuerza, independencia, tu necesidad de afecto, quizá algo irascible, nunca conmigo pero lo sabía, lo sé; ganas de redescubrir el mundo. Cada semana te veía, pero ya no eran los mismos ojos y ya no era su culo el que miraba.
Y de repente era Diciembre. Las Navidades son verdaderamente depresivas y me hicieron tomar una decisión, que más tarde se vió que había condicionado mi presente actual. Mi compromiso se esfumó entre besos, caricias, coca-cola y tickets del metrobús. El tuyo se desvaneció como en la nada, de repente te vi con los pedazos restantes de tu corazón entre tus dedos, ofreciéndomelos amablemente para que te ayudase a reconstruírlo.
Sería hipócrita por mi parte no admitir que por un lado me alegraba, no por tí, sino por mí, porque me daba la oportunidad de estar más cerca de ti. Te había entregado mi corazón por fascículos y ahora yo tenía que jugar a los puzzles con el tuyo. Por suerte, en el fondo aún quedaba una chispita que los fue uniendo, los trozos, solamente con un par de palabras alientadoras consiguió él solito hacer lo que parecía una versión 1.0 de corazón.
Poco después te vi de rodillas junto a un Scalextrix medio desmontado en una habitación naranja, diciendo a regañadientes que te gustaba, que te ponía y que no podíamos. Espero que te acuerdes tan bien como yo de tus pómulos rojos, tu nerviosismo casi infantil, tu mirada perdida en una ventana por la que no se podía ver el cielo; de mi camiseta caída del hombro izquierdo, mis rodillas doloridas por estar en el suelo, del beso detrás de la oreja, y mi corazón palpitando a 1000 rpm. Es imposible recordar la escena sin sonreir, sin quererte más. Te llamé cobarde, pero la única que siempre lo fue y lo sigue siendo soy yo. No se me salió el corazón por la boca porque estaba ocupada por tu lengua. No podemos y súbete la manga; beso robado. Creo que nadie me había excitado tanto en tan poco tiempo como tú. Eso me obligó a echarte, a llevarte de mí y el frío me recorrió la espalda al despedirte y otro peor al cerrar la puerta tras de mí.
Los dos últimos meses se pueden resumir en una palabra: felicidad. Según la RAE, la definición de felicidad sería "Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien". No podría estar más en desacuerdo, es errónea en cada una de sus partes.
La felicidad no es un estado de ánimo, porque no se puede estar feliz. Las personas, cada cual a su forma y a su modo, pueden estar contentas, sentirse bien, satisfechas, pero no están felices porque la felicidad no es algo pasajero, es algo con lo que naces, o más bien, con la habilidad de serlo, a veces es difícil. Por lo tanto, no se puede "estar feliz" un momento y sentirte desgraciado 30 segundos después, es una contradicción de los términos. La felicidad no es un estado de ánimo, es una forma de ánima.
En lo concerniente a "[...] que se complace en la posesión de un bien" el error es obvio y rotundo. La felicidad no es posesión de nada. Como ya ha sido aclarado previamente, la felicidad no es estacionaria, por lo tanto no es algo que pueda surgir de la obtención de algo, puesto que esto es siempre en un tiempo y en un espacio. Ya que no parte de un bien, no se puede tener en posesión en nada que te haga feliz, con lo que no se complace en nada.
Realmente, la felicidad es vida. Naces y a lo largo de tu vida, antes o después te das cuenta si eres o no feliz. No lo puedes basar en lo que tienes, un coche, un piano, un novio que te quiere, da igual. Puedes tener todo eso y no ser feliz, porque la felicidad no es tener nada, es sentir todo. Es estar contento porque tienes suerte y sentirte decepcionado porque la vida no es como tú creías y aun así seguir teniendo el impulso de sonreír, no poder cerrar la comisura de la boca, que está curvada, aunque sea levemente, está ahí..
Tantos problemas, inconvenientes, conflictos, irresponsabilidades, engaños, vergüenzas, minutos perdidos, agobios,... Todo da igual o incluso le da más valor, soy feliz. Nada ha sido perfecto, no lo será, ni siquiera estamos seguros de nuestro destino, nuestro futuro. El tiempo pasa volando y decir lo que ya sabes no tiene sentido. Ah, cada segundo que paso contigo noto la adrenalina por mis venas. Por un instante de tu tiempo cambiaría el sentido de las agujas del reloj. Las palabras hartas pronunciadas ya, que no importa lo que fue, solo lo que está por venir y ya está aquí, como bien dices amor. Que no es el tiempo, es la vida y mi vida eres tú..
Sin duda es una bonita historia de amor, aquellas que cuentan en libros...no importa si tienen un final triste o feliz, ni siquiera si tienen un final, tan solo importa que esa historia ha sucedido.
ResponderEliminarEscribes tan bien que te daría un premio Planeta, sin dudarlo. Pero te tendrás que conformar con un 10/10.
Stay true