lunes, 11 de abril de 2011

El redondel de café no me lo quita nadie
Ni el líquido corrector de hambre,
Ni la acidez de estómago.


Las migas de la goma de pan que deshago,
En los pelos de la alfombra se enganchan
Como un inútil a su esperanza.


Y aún tengo en silencio el teléfono
Por si llamas, por si me interpongo


Como el tiempo, pasan las horas,
Algunas sin prisa; sin pausa más abundan
De repente un ojo,
Un lagarto rojo.


Afú, he vuelto a manchar los apuntes.
Café, no te marches,
Que aún me queda su nombre.

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