viernes, 10 de abril de 2015

Estoy tan confusa que me hiero a mi misma (creo que me gusta)

No soy capaz de mantener una línea de pensamiento.
Llevo toda la semana así.
No soy capaz de ordenar mi cuarto.
Tomarme las pastillas.
Seguir la dieta.
Ir al gimnasio.
No gastar dinero.
Trabajar para clase.
La beca.
El TFG.
Demasiadas tareas y no soy capaz de focalizar.
Mi mente salta de un pensamiento a otro sin pararse lo suficiente como para entender el primero.
Estoy de mal humor. Enfadada con el mundo.
Triste. Quiero estar sola y, cuando lo estoy, me aburro.
Me siento.
Me levanto.
Duermo y no sueño.
Sueño y no puedo dormir.
Llevo toda la semana así, y no puedo pensar.
Mi mente es un torbellino. Arrasa con todo a lo que se acerca y de repente salen ideas disparadas con tal fuerza que me hacen daño y me confunden.
Estoy tan confusa.

Creo que me va a venir la regla. Si no, estoy embarazada. Si lo estoy, no tengo ni la más remota idea de quién puede ser el padre.

Demasiadas incógnitas en mi vida. No tengo nada por seguro. Estoy asustada. Y cuando me asusto, me hago daño.

domingo, 5 de abril de 2015

La cuestión de la mujer moderna y del feminismo.

 Ayer leí un artículo sobre una mujer que decidió no permitir a su pachuco que le penetre. Su plan a la hora de tener sexo es abrirse de piernas y que él se lo coma hasta llegar al orgasmo, después, él se pira y ella se toma un té. Esta decisión vino a cuento de una serie de relaciones sexuales pasadas que resultaron fracasos, decepciones y ni un orgasmo.
Tras leerlo, y debo añadir que tenía cierto aire lacónico que podría ser de mi agrado, pero no, lo comenté con mi grupo de amigas, tres mujeres jóvenes, solteras y sexualmente activas. Y lo flipé.

Si bien la ideología feminista se basa en la igualdad de la mujer frente al hombre, en los últimos años, esto se ha ido deformando hacia lo que algunos denominan hembrismo que, como bien puede suponer, es la misma base que el machismo, pero poniendo por delante a la mujer (mesma merda, distinto cheiro).

Esta nueva forma de pensamiento, en la que la mujer debe revelarse contra las situaciones de sumisión ante el hombre, se ha llevado, en algunos casos, a los extremos. La mujer es ahora la controladora psicológica del hombre, y las nuevas tecnologías, modas, modelos a seguir, no paran de apoyar esta idea.

La moda del hombre tonto, guapo, con cara de niño, sin pelos, sensible, cariñoso, fácil de manejar, que se encargue de la casa y de los niños, que se ponga cremitas y le guste la ropa.
La moda de la mujer independiente, insensible, “masculina”, deportista, alta, dominante.

Señoras, esto no es una evolución. Es un cambio de papeles que no nos favorece ni nos deja de favorecer. Es perpetuar los roles de sexo, pero en el sexo contrario.

No nos hace mejores el trabajar, sino el poder trabajar por el mismo salario. No nos hace mejores no casarnos y no tener hijos, sino hacerlo cuando, como y con quien queramos. No nos hace mejores tener orgasmos con el sexo oral, sino disfrutar a la vez del hombre.

Esto, que parece a simple vista una línea de pensamiento bastante racional, hay quien la tacha de machista. De retrógrada. De anticuada.

Y yo digo, pero vamos a ver, alma cándida, es que todo lo nuevo, por el mero hecho de ser reciente, ¿es mejor? Que no, que la reflexión, el cambio, la motivación, son cosas que viene desde atrás, que no se debe luchar en vano y que hay que evitar los errores del pasado.

Por eso, proclamo el sí a la penetración. Sí a la familia. Sí a la libertad y la independencia. Sí al compromiso.

Y, sobre todas las cosas, SÍ A SER FOLLADA.

martes, 31 de marzo de 2015

Otra vez he soñado contigo

Anoche soñé contigo.
Soñé que iba por las calles de una ciudad muy vieja, y que era de noche. Yo no era yo, tenía la cara de otra mujer, pero seguía siendo yo. Caminaba por unas calles estrechas, la luz era naranja, cuando oí un murmullo lejano de música. Al seguirlo, me encontré en una plaza grande con un escenario chiquitito, con focos morados y algunas personas estaban alrededor, curiosas. Tú estabas allí, a la izquierda, con el Flequi, y con otros chicos que yo no conocía.
Yo no supe qué hacer. Estabas allí delante, no te esperaba y... AIF me vio, pero yo giré la cara, no quería hablar con vosotros. De repente, me di cuenta de que tenía un nudo en la garganta y me dolían los ojos. Pensé en acercarme, en gritar, en tirarme al suelo y llorar como una estúpida. Imaginé qué ocurriría si me acercase, si me hablarías, si te acordarías de mí. Y me odié.
Las piernas me temblaban como flanes pero yo tenía que cruzar aquella plaza, no recuerdo porqué, pero era muy importante que llegara al otro lado. Así que, empecé a andar, no tenía muy claro si quería que me mirases o no, y noté que dirigías la mirada hacia mí, di un giro brusco, apreté el paso. Bajé la cabeza, las lágrimas ya casi no se sostenían en mis párpados, cuando escuché que alguien se acercaba corriendo:
- ¡Hey! Hola Verita.- Te paraste delante de mí con sorpresa, pero apartaste los ojos de mi cara, no te alegrabas de verme. Me quedé tiesa como una estaca, se me secó la boca y no sabía qué decir.
- Hola. Qué sorpresa, no te había visto. ¿Qué tal to...?- Aquí me interrumpiste, mirabas a alguna parte de mi derecha, donde había un almacén de colores.
- Perdona, es que nos toca subir a nosotros, tengo que ir a por la guitarra. Ya nos veremos. Chao.
No me dio tiempo a decir adiós, ya te alejabas corriendo, y yo, también. No llegué a cruzar la plaza, ya no me parecía tan importante. Simplemente, me metí en un agujero que unas gradas habían hecho para mí, y lloré desconsoladamente.
No sé muy bien porqué lloraba, pero cuando me desperté y fui consciente de mi sueño, me entristecí, y pensé que seguramente mi sueño no estaría tan lejos de la realidad.

Sin embargo, me consolé diciéndome que, por lo menos, en algún otro universo paralelo, al despertarme no encontraría la almohada húmeda, sino un mechón de pelo rojizo.

domingo, 29 de marzo de 2015

Desaparecida

Dicen que es imposible perderse a uno mismo. Puedes perder tu vida o a tu gente o tus cosas, pero que tú sigues siendo tú.
Vale, bien, es mentira. Es una gran mentira, como otras muchas cosas. Pero esta es una mentira muy grave.
Claro que es posible perderse a uno mismo. ¡Y tanto! A veces es necesario un factor externo para lograrlo, véase alcohol, tabaco, sexo inoportuno, etc. La lista es larga. Una vez encontrada cual es la droga que más te destruye, ¡hasta morir!
Y así es como empieza el cambio, olvidándote de ti. Olvidas tus problemas en alcohol o cannabis o sexo con desconocidos o drogas más duras, según lo que te convenga.
Primero se van los problemas tontos, los del día a día. Según va avanzando el tiemp, olvidas también tus verdaderos incovenientes vitales. De verdad que los olvidas. Te dejan de importar una mierda, se convierten en espuma y desparecen.
Entonces, te quedas vacío. Sin preocupaciones, sin intereses, sin nada. Eres un cofre vacío, arrancados todos tus tesoros con garras de hierro, por dentro estás lleno de arañazos y machacado y vacío.
Aquí es el mejor momento para decir basta, para volver, para recuperar tus intenciones. Pero es tan difícil enfrentarse a esto y tan fácil beber otra cerveza. Así que, en vez de retornar en ti, te transformas. Creas un nuevo yo, utilizas esos placeres que ahora son toda tu vida y te construyes de nuevo en base a eso. Nueva personalidad, visión vital, todo diferente. Ya no te sientes destruído, solamente... No te sientes.
Pero, ¿sabes qué es lo peor? Que no sólo te lo crees tú, no, la gente también cree que eres así. Y eso es terrible. Porque ese nuevo yo empieza a hablar con tus amigos, y con tus padres y a tener trabajo (y qué trabajo). Ese yo te roba tu vida, tus amigos, tu familia y a ti mismo.
Usurpada toda tu vida por una versión de ti que tú mismo creaste.
Agradezco al cielo o al infierno o al limbo, el haberme dado cuenta de eso. De mi otro yo, que lleva tanto tiempo viviendo en mi, que llegué a creer que era yo misma. Pero no.
Ésta no soy yo.
Ésta no es mi vida.
Y quiero recuperarme y recuperarla y volver a vivir. Aunque sea difícil, aunque duela. Hay que luchar, siempre hay que luchar, y cuanto peor estés, más duro has de pelear.
Peleando conmigo misma, con mis yos y mis nunca. No podría decir si estoy ganando o perdiendo, pero sé que no moriré en el intento, porque no me voy a dejar morir, ni ganar, ni perder.
Y la pena es toda esa vida que el otro yo tuvo. Los nuevos amigos, y los viejos que se quedaron con ella. Todas esas experiencias que no son tuyas pero las recuerdas, como borrosas, como un personaje secundario en la historia.
Un pensamiento horrible. La prefieren a ella.
Porque es más divertida, más fácil, más ligera, más interesante, más misteriosa, más ingeniosa. Ella es más.
Temo que por ser yo misma pierda no solo su vida, si no también la mía.
Y quedarme verdaderamente sola, sin mi vida, sin mis cosas, sin mi y sin mi otro yo.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Veredicto de la Excelsa Señora Juez del Juzgado de Instancia nº 5: SOLA

Hacía mucho tiempo que no me sentía sola.
Es una sensación extraña.
A pesar de que, bueno, en realidad toda la vida he sido una persona bastante solitaria. Me gustaba pasar las tardes a mi aire, dibujando, tocando, lo que sea. Incluso mirando a la nada. Pero sola.
Y es que en parte nunca me sentía sola. En ese momento lo estaba, pero sentía la presencia de mi familia, la de mis amigos… Sabía que si quería, ellos estarían conmigo. O yo con ellos.
Por eso ahora me siento rara. Ahora no quisiera estar sola. Ni hoy, ni ayer, ni mañana. No quiero pasar más tardes sola en mi habitación. Ni salir más noches sola, llegar a casa acompañada y pasar la mañana siguiente sola otra vez.
No. Estoy harta.
Harta.
Harta, harta, harta, harta.
No quiero más soledad, ni tiempo para mí, ni espacio, ni nada.
No quiero que me juzguen.
Porque la gente dice que no te preocupes, que confíes en ellos, que se lo cuentes todo, que ellos no te van a juzgar. Pero es mentira. Todo el mundo lo hace, incluso sin querer.
Y cuando te decides a confiar, a contárselo, no solo lo que pasa, si no lo que sientes, ellos cogen confianza también. Y te juzgan. Te juzgan y te lo dicen. A la cara. Te echan sus veredictos, te los escupen. Pero siguen diciendo que no te juzgan.
Mentiras, asquerosas mentiras.
Incluso a ellos mismos que se creen jueces imparciales.
Mentiras.
Y yo sigo estando sola, y sigo sin querer estarlo. Ni sola ni juzgada. No sé si he cometido algún crimen, no sé si arrepentirse es un pecado, arrepentirse de haber deseado esta soledad, de haberla provocado, de haberla disfrutado, y ahora repudiarla.
No sé si me merezco algún tipo de castigo, pero desde luego lo que no merezco son jueces que dictaminen nada de mi vida si ni yo misma estoy en capacidad de juzgarla.
Y mientras aquí sigo, sola y juzgada.


Quizá… Sólo quizá…, haya esperanza. Es inquietante, una sensación dentro de mí, familiar. Hay una persona, hay algo, hay..., un nudo en el estómago, un segundo antes de hablar de más, una caricia inapropiada.
Hay un pensamiento indebido, que intento olvidar inmediatamente, fingir que nunca ha existido. Pero existió, y existe, igual que esa mirada de reojo, esa sonrisa estúpida, ese temblor de voz.
Hay síntomas. Síntomas claros de que algo malo hay en mí. O algo bueno.

Y una pregunta que me permito hacerme, solo en momentos de duda, de soledad, de no ser juzgada….


¿Qué hay dentro de ti?