viernes, 9 de enero de 2015

El blanco es el color de la muerte

Te morías.
Estabas en una habitación de hospital blanca, muy luminosa. Una sola cama en la pared izquierda desde la puerta. Sobra mucho espacio en la habitación. Las máquinas que hay a tu alrededor no hacen ruido. En la pared del fondo y a la derecha hay una ventana grande y muy alta. El techo de la habitación es increíblemente alto. Debajo de ella, hay una palangana blanca, con una jarra blanca y agua fresca. Al otro lado del cristal se ve un jardín paradisiaco con árboles verde claro que se mecen con suavidad por el viento. Se escuchan cantar aves extrañas.
Estoy sentada a tu lado, hacia la puerta, que también es blanca. Te miro y me siento a mí misma mirándote. Tienes una expresión dulce, tranquila. No parece que sufras. Tienes tubos en los brazos y las sábanas son tan blancas que con el reflejo del sol me ciegan.
Levanto la mano y te hago una caricia en la cara. De repente, el tiempo empieza a pasar muy rápido. Gente entra y sale de la habitación, se suceden los días, todo se vuelve borroso, excepto mi mano apenas rozando con lentitud tu rostro, tan calmado. Estoy sonriendo, mi sonrisa es triste, no se me ve el hoyuelo de la mejilla izquierda.
Retiro la mano, y tú sigues durmiendo. Tú pecho no se mueve, ni oigo tu respiración.
Nada se oye ya.

8 Pasos para una muerte feliz

Paso 1: Dormir 15 horas seguidas.
Paso 2: Comerme una hamburguesa gigante hasta el culo de queso
Paso 3: Fumar un porro de resina en un sitio bonito
Paso 4: Tres chupitos de tequila tostado
Paso 5: Bailar como si no hubiera mañana durante dos horas
Paso 6: Echar un polvo rabioso durante 20 minutos
Paso 7: Hablar del cosmos
Paso 8: Tener una hora de sexo
Paso 9: Volver al Paso 1

Propaganda de mis pensamientos

Me siento inspirada. A veces, cuando pienso en ti, me siento así.
A veces, muchas veces, pienso en ti.

Pienso en tus ojos. Tus ojos son como dos llamas negras, hipnotizantes, misteriosas, y me dan un poco de miedo.
Todo en ti me da un poco de miedo. Como si esa seguridad que me reconforta en tus palabras se pudiera romper en cualquier momento y fueras a estallar en llamas negras altísimas que me apartaran de tu lado, y me fuera a quedar sola.

Porque en realidad, no me siento sola. Sé que lo estoy, pero no me siento así. Tu presencia en la distancia hace que la compañía que me aportas no se disipe, sino que queda flotando, en el aire, en mis pensamientos.

Nunca estás a mi lado, y es por eso que nunca te siento lejos de mí.