miércoles, 6 de agosto de 2014

Un mal día

Hay días en los que sentirse bien no es una opción. Por alguna alineación de los astros, un conjunto de subidas hormonales, o simplemente porque sí, te levantas al mundo como si en vez de ir a hacer la colada, fueras a bajar a los infiernos. Y obviamente, lo haces porque no te queda otra opción.
No es porque te haya pasado nada en concreto que provoque esa rabia injustificada (claro, aún no ha ni empezado el día, no has tenido literalmente tiempo para que pasara absolutamente nada), pero ahí está.
Un ruído sordo detrás de la cabeza, presión en las sienes, nudo en la garganta, dolor de diafragma, ojos llorosos. Los síntomas son claros: vas a tener un día de mierda.
Supongo que el subconsciente tiene algo que ver con todo esto, y que realmente ALGO TE TIENE QUE HABER PASADO, pero como comunicador deja bastante que desear, así que me imagino que prefiere hacerte sufrir durante horas, días o incluso semanas, pensando en algo que ni siquiera sabes qué es, pero está ahí, y molesta.
En algún momento, uno se da cuenta de lo que pasa, o no. Y a veces es mejor no hacerlo, porque las dudas son menos dolorosas que las certezas y más fáciles de ignorar.
Me duele la cabeza desde hace días.

No hay comentarios:

Publicar un comentario