viernes, 22 de julio de 2011

Me da la risa.


Me siento ante la pantalla del ordenador con la intención de hacer una entrada a gusto de Boggart, haciendo un resumen del viaje y no puedo. Resulta difícil hacerlo cuando en tu cabeza no paran de girar en espiral escenitas extrañas, mezcladas con sombreros, F16, tachas y maletas rosas. Sacar algo en limpio de esta experiencia no es tarea fácil, hice un intento en tu cama, pero viste que ni mis manos ni mi estómago estaban para tales cuestiones. Quizá para otras.

Aún tengo la voz ronca, parece como si no quisiera salir de mi enrojecida garganta. El doble bombo golpea incesante en mi cabeza, marcando ritmos imposibles y, de vez en cuando, permite escucharse en la lejanía, una voz suave cantando "I'm yours...". Tratar de vestir mi enfermedad con labia no es una buena idea, no me gusta estar enferma y no me gusta soltar verborrea. No puedo evitar reírme, a medias, cuando me oigo leer en voz alta estas letras y acordarme de tus burlas. Pichifliqui, já.

Que sepas que no he borrado tu música, la he escuchado hoy mientras el aceite me picaba los brazos y una chispa encendió mi cuello. Me quedo con The joker, que la escuchamos a la sombra de los árboles del Retiro, mientras uno hacia fotos a un Palacio de Cristal (como su mente) y nosotros mirábamos al cielo, interrumpiendo la vista de vez en cuando para robarte uno de esos besos que sabían a interrogación.

Y qué decir de aquel que, según mi juicio, se llevó la peor parte. Nunca me he sentido tan culpable, ni me he arrepentido tanto de algo que he hecho, que cuando vi sus lágrimas recorriendo sus mejillas por mi culpa. Por mi culpa, mi maldita culpa. No pude explicar entonces por qué lo hice, aún no soy capaz y lo peor es que sigo necesitando perderme. Porque uno no puede encontrar el camino correcto si no se pierde antes. Sólo digo, lo siento. Siento haberte querido a medias, haberte hecho daño conscientemente, haber vuelto y haberte hecho daño de nuevo. Aunque intente ponerme límites, decir hasta aquí hemos llegado, seguiré sobrepasándolos, seguiré haciéndote daño hasta que la muerte nos separe. Con cariño.

Pero no nos olvidemos del otro. Ojalá no leas esto y, si lo haces, tengas el valor suficiente como para decírmelo. Sabemos que nos has mentido, más de una vez y con malas intenciones. Somos conscientes de que no eres perfecto y cada vez te alejas más de nuestra mente porque no haces otra cosa sino insistir en tus defectos. Sabía que este viaje iba a marcar nuestra amistad y así lo hizo, tú te has empeñado en no darte cuenta y ahora te quedas solo. Adiós y punto, te lo mereces, por quedarte atrás, por no luchar por ser alguien, por ser quien no eres, por ti.

Podría hacer una relación de sitios que visitamos, comidas que probamos, experiencias que vivimos. Podría decir que este árbol es marrón y tiene las hojas ovaladas, verdes oscuras y verdas claras. Pero eso sería como no decir nada. Por eso prefiero decir, este árbol, el cual trepa con sus ramas por nuestro balcón, intenta llegar al cielo, aunque nunca lo conseguirá por que vendrá alguien del ayuntamiento y le cortará las ramas una y otra vez, para que sus hijos puedan calzar converse y comer cocido en lata.

Diré también que tengo las piernas moradas, el pelo rubio-rojo y los ojos de china. Soy torpe y bajita. Tengo las manos y los pies pequeños, estos últimos hechos un asco por unos zapatos de tacón que no te gustan. Dices que yo no soy mala y no sé que responderte. No te fíes si te juro que imposible, no dudes de mi duda y mi quizás.

Ha sido increíble, he vivido toda una vida en 6 días y ahora me quedas tú. Decide quien soy yo, que a mí me da la risa.

1 comentario:

  1. Me gusta mucho señorita, y creo que tenemos mil cosas para contarnos. Te quiero

    ResponderEliminar