No soy capaz de mantener una línea de pensamiento.
Llevo toda la semana así.
No soy capaz de ordenar mi cuarto.
Tomarme las pastillas.
Seguir la dieta.
Ir al gimnasio.
No gastar dinero.
Trabajar para clase.
La beca.
El TFG.
Demasiadas tareas y no soy capaz de focalizar.
Mi mente salta de un pensamiento a otro sin pararse lo suficiente como para entender el primero.
Estoy de mal humor. Enfadada con el mundo.
Triste. Quiero estar sola y, cuando lo estoy, me aburro.
Me siento.
Me levanto.
Duermo y no sueño.
Sueño y no puedo dormir.
Llevo toda la semana así, y no puedo pensar.
Mi mente es un torbellino. Arrasa con todo a lo que se acerca y de repente salen ideas disparadas con tal fuerza que me hacen daño y me confunden.
Estoy tan confusa.
Creo que me va a venir la regla. Si no, estoy embarazada. Si lo estoy, no tengo ni la más remota idea de quién puede ser el padre.
Demasiadas incógnitas en mi vida. No tengo nada por seguro. Estoy asustada. Y cuando me asusto, me hago daño.
viernes, 10 de abril de 2015
domingo, 5 de abril de 2015
La cuestión de la mujer moderna y del feminismo.
Ayer leí un artículo sobre una mujer que decidió no permitir a su pachuco que le penetre. Su plan a la hora de tener sexo es abrirse de piernas y que él se lo coma hasta llegar al orgasmo, después, él se pira y ella se toma un té. Esta decisión vino a cuento de una serie de relaciones sexuales pasadas que resultaron fracasos, decepciones y ni un orgasmo.
Tras leerlo, y debo añadir que tenía cierto aire lacónico que podría ser de mi agrado, pero no, lo comenté con mi grupo de amigas, tres mujeres jóvenes, solteras y sexualmente activas. Y lo flipé.
Si bien la ideología feminista se basa en la igualdad de la mujer frente al hombre, en los últimos años, esto se ha ido deformando hacia lo que algunos denominan hembrismo que, como bien puede suponer, es la misma base que el machismo, pero poniendo por delante a la mujer (mesma merda, distinto cheiro).
Esta nueva forma de pensamiento, en la que la mujer debe revelarse contra las situaciones de sumisión ante el hombre, se ha llevado, en algunos casos, a los extremos. La mujer es ahora la controladora psicológica del hombre, y las nuevas tecnologías, modas, modelos a seguir, no paran de apoyar esta idea.
La moda del hombre tonto, guapo, con cara de niño, sin pelos, sensible, cariñoso, fácil de manejar, que se encargue de la casa y de los niños, que se ponga cremitas y le guste la ropa.
La moda de la mujer independiente, insensible, “masculina”, deportista, alta, dominante.
Señoras, esto no es una evolución. Es un cambio de papeles que no nos favorece ni nos deja de favorecer. Es perpetuar los roles de sexo, pero en el sexo contrario.
No nos hace mejores el trabajar, sino el poder trabajar por el mismo salario. No nos hace mejores no casarnos y no tener hijos, sino hacerlo cuando, como y con quien queramos. No nos hace mejores tener orgasmos con el sexo oral, sino disfrutar a la vez del hombre.
Esto, que parece a simple vista una línea de pensamiento bastante racional, hay quien la tacha de machista. De retrógrada. De anticuada.
Y yo digo, pero vamos a ver, alma cándida, es que todo lo nuevo, por el mero hecho de ser reciente, ¿es mejor? Que no, que la reflexión, el cambio, la motivación, son cosas que viene desde atrás, que no se debe luchar en vano y que hay que evitar los errores del pasado.
Por eso, proclamo el sí a la penetración. Sí a la familia. Sí a la libertad y la independencia. Sí al compromiso.
Y, sobre todas las cosas, SÍ A SER FOLLADA.
Tras leerlo, y debo añadir que tenía cierto aire lacónico que podría ser de mi agrado, pero no, lo comenté con mi grupo de amigas, tres mujeres jóvenes, solteras y sexualmente activas. Y lo flipé.
Si bien la ideología feminista se basa en la igualdad de la mujer frente al hombre, en los últimos años, esto se ha ido deformando hacia lo que algunos denominan hembrismo que, como bien puede suponer, es la misma base que el machismo, pero poniendo por delante a la mujer (mesma merda, distinto cheiro).
Esta nueva forma de pensamiento, en la que la mujer debe revelarse contra las situaciones de sumisión ante el hombre, se ha llevado, en algunos casos, a los extremos. La mujer es ahora la controladora psicológica del hombre, y las nuevas tecnologías, modas, modelos a seguir, no paran de apoyar esta idea.
La moda del hombre tonto, guapo, con cara de niño, sin pelos, sensible, cariñoso, fácil de manejar, que se encargue de la casa y de los niños, que se ponga cremitas y le guste la ropa.
La moda de la mujer independiente, insensible, “masculina”, deportista, alta, dominante.
Señoras, esto no es una evolución. Es un cambio de papeles que no nos favorece ni nos deja de favorecer. Es perpetuar los roles de sexo, pero en el sexo contrario.
No nos hace mejores el trabajar, sino el poder trabajar por el mismo salario. No nos hace mejores no casarnos y no tener hijos, sino hacerlo cuando, como y con quien queramos. No nos hace mejores tener orgasmos con el sexo oral, sino disfrutar a la vez del hombre.
Esto, que parece a simple vista una línea de pensamiento bastante racional, hay quien la tacha de machista. De retrógrada. De anticuada.
Y yo digo, pero vamos a ver, alma cándida, es que todo lo nuevo, por el mero hecho de ser reciente, ¿es mejor? Que no, que la reflexión, el cambio, la motivación, son cosas que viene desde atrás, que no se debe luchar en vano y que hay que evitar los errores del pasado.
Por eso, proclamo el sí a la penetración. Sí a la familia. Sí a la libertad y la independencia. Sí al compromiso.
Y, sobre todas las cosas, SÍ A SER FOLLADA.
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